
Editorial: Anagrama
Num. Páginas: 320
Género: Comedia negra
Impresión: Muy buena
Num. Páginas: 320
Género: Comedia negra
Impresión: Muy buena
Sinopsis:
Pietro Brnwa, ahora Peter Brown, trabaja como médico en un hospital de Nueva York. En el fondo se trata de un ex asesino de la mafia, amparado por el programa de protección de testigos. Un buen día se encuentra, en una camilla, a un antiguo camarada de tropelías, y toda su mascarada parece derrumbarse. ¿Qué hacer para salvar su rehecha vida?
Comentario:
"Burlando la parca" o por qué el doctor Greg House no es tan malo, después de todo.
Se trata, sin duda alguna, de una de las creaciones literarias más cínicas que puedan encontrarse hoy en las estanterías. "La conjura de los necios", otro título digno de lectura, que también reniega del hombre mismo, parece un mal chiste al lado del ácido sarcasmo que impregna cada frase de esta novela.
Entretenida es un rato, muy entretenida, pero, para variar, el escritor no puede eludir su compromiso consigo mismo y regalarnos las más brillantes perlas de su acervo ideológico. Eso sí, lo suyo que no lo toque nadie. Cada día estoy más convencido de que la humanidad entera se piensa que existe una sola verdad, absoluta y omnipresente, y, por supuesto, cada individuo en concreto, se cree que esa verdad es la suya. Esto no es del todo malo, si no fuera porque, de vez en cuando, algún espécimen se siente en la obligación de difundir sus creencias a los cuatro vientos, y, en lugar de presentarlas como lo que son, ideas y concepciones de la realidad, nos las cuela entremezcladas con un entorno narrativo tan a propósito, que no deja lugar a dudas de su veracidad. A eso yo le llamo manipulación.
Larsson es el último gran vendedor que nos hizo tragar sus divagaciones políticas, antes de comenzar con la entretenida superventas postmoderna en que convirtió las aventuras de la Salander. Y es que ahora, si quieres escribir un best seller, nada como convertir a tu héroe en un marginado, inadaptado, incorregible, indómito, y, para rematar, cínico personaje, que, gracias a su perspicaz inteligencia, ha desgranado los misterios de la existencia y, por eso mismo, se ha dado de bruces con la miseria humana, por lo que decide privarla, a la humanidad, digo, de su imprescindible compañía.
Nuestro personaje central padece del mismo síndrome, el desprecio por sus congéneres, que no oculta en ningún momento. Al menos en eso es sincero. Claro, el lector descuidado corre el riesgo de caer en la trampa y tomar por verdad las acres aseveraciones del protagonista, que lanza con puntería e intención sus diatribas, y deja en su sitio, o eso cree el autor, a todas las figuras que pudieran resultarle incómodas.
Como ya viene siendo de obligado cumplimiento, desde hace unos años, hay que introducir varias cargas de profundidad contra la iglesia católica. "Cuentos para niños", "la magia no existe", y otras frases lapidarias que quedan muy chulas para que el personal se divierta denostando al prójimo, aunque, eso sí, a los judíos no me los toque usted. Para ellos debe ser que "la magia" sí que existe, o simplemente no es magia, sino "LA VERDAD".
Sinceramente, no me crea ningún trauma leer estos libelos camuflados en las páginas de una novela, pero ya me cansa. Lo de los judíos (o al menos lo de este escritor)es para hacérselo mirar. Ya sabemos todos que sufrieron, más que ninguna otra raza, la barbarie del holocausto. No hay palabras para definirlo, tan profunda fue la maldad a la que se les sometió. Pero es que ahora, los judíos, tienen patente de corso para disparar contra todo lo que se mueve. Parece no haber redención posible. Los hijos de los hijos de los alemanes, polacos, y cualquier otra nacionalidad mínimamente relacionada con aquello, debe pagar por el daño infligido. En algún momento de la novela hasta menciona una visita a los campos de concentración de Auschwitz donde, según el autor, se intentaba ocultar la presencia de judíos. ¡Que flipe!
En fin. Por lo demás, estas desventuras de un testigo protegido, ex-matón de la mafia para más señas (eso sí, él solo mata a malos malísimos), resultan divertidas, se leen de un tirón y tan contentos. Tiene algún detalle gore hacia el final, un tanto increíble, pero, ¿acaso no hemos tragado resucitaciones sobrenaturales de góticas suecas? ¡Qué más da una más! En cualquier caso no tiene este libro ninguna intención de hacernos creer en la veracidad de nada (salvo las cargas de profundidad ideológicas), simplemente es una aventurilla para reírnos un rato, y, con toda seguridad, hasta recomendar su lectura.
A pesar de la crítica, aconsejo a todos dejarse caer por ese hospital neoyorquino. Lo mismo les gusta más que a mi. O eso creo.
Lo bueno:
Comentario:
"Burlando la parca" o por qué el doctor Greg House no es tan malo, después de todo.
Se trata, sin duda alguna, de una de las creaciones literarias más cínicas que puedan encontrarse hoy en las estanterías. "La conjura de los necios", otro título digno de lectura, que también reniega del hombre mismo, parece un mal chiste al lado del ácido sarcasmo que impregna cada frase de esta novela.
Entretenida es un rato, muy entretenida, pero, para variar, el escritor no puede eludir su compromiso consigo mismo y regalarnos las más brillantes perlas de su acervo ideológico. Eso sí, lo suyo que no lo toque nadie. Cada día estoy más convencido de que la humanidad entera se piensa que existe una sola verdad, absoluta y omnipresente, y, por supuesto, cada individuo en concreto, se cree que esa verdad es la suya. Esto no es del todo malo, si no fuera porque, de vez en cuando, algún espécimen se siente en la obligación de difundir sus creencias a los cuatro vientos, y, en lugar de presentarlas como lo que son, ideas y concepciones de la realidad, nos las cuela entremezcladas con un entorno narrativo tan a propósito, que no deja lugar a dudas de su veracidad. A eso yo le llamo manipulación.
Larsson es el último gran vendedor que nos hizo tragar sus divagaciones políticas, antes de comenzar con la entretenida superventas postmoderna en que convirtió las aventuras de la Salander. Y es que ahora, si quieres escribir un best seller, nada como convertir a tu héroe en un marginado, inadaptado, incorregible, indómito, y, para rematar, cínico personaje, que, gracias a su perspicaz inteligencia, ha desgranado los misterios de la existencia y, por eso mismo, se ha dado de bruces con la miseria humana, por lo que decide privarla, a la humanidad, digo, de su imprescindible compañía.
Nuestro personaje central padece del mismo síndrome, el desprecio por sus congéneres, que no oculta en ningún momento. Al menos en eso es sincero. Claro, el lector descuidado corre el riesgo de caer en la trampa y tomar por verdad las acres aseveraciones del protagonista, que lanza con puntería e intención sus diatribas, y deja en su sitio, o eso cree el autor, a todas las figuras que pudieran resultarle incómodas.
Como ya viene siendo de obligado cumplimiento, desde hace unos años, hay que introducir varias cargas de profundidad contra la iglesia católica. "Cuentos para niños", "la magia no existe", y otras frases lapidarias que quedan muy chulas para que el personal se divierta denostando al prójimo, aunque, eso sí, a los judíos no me los toque usted. Para ellos debe ser que "la magia" sí que existe, o simplemente no es magia, sino "LA VERDAD".
Sinceramente, no me crea ningún trauma leer estos libelos camuflados en las páginas de una novela, pero ya me cansa. Lo de los judíos (o al menos lo de este escritor)es para hacérselo mirar. Ya sabemos todos que sufrieron, más que ninguna otra raza, la barbarie del holocausto. No hay palabras para definirlo, tan profunda fue la maldad a la que se les sometió. Pero es que ahora, los judíos, tienen patente de corso para disparar contra todo lo que se mueve. Parece no haber redención posible. Los hijos de los hijos de los alemanes, polacos, y cualquier otra nacionalidad mínimamente relacionada con aquello, debe pagar por el daño infligido. En algún momento de la novela hasta menciona una visita a los campos de concentración de Auschwitz donde, según el autor, se intentaba ocultar la presencia de judíos. ¡Que flipe!
En fin. Por lo demás, estas desventuras de un testigo protegido, ex-matón de la mafia para más señas (eso sí, él solo mata a malos malísimos), resultan divertidas, se leen de un tirón y tan contentos. Tiene algún detalle gore hacia el final, un tanto increíble, pero, ¿acaso no hemos tragado resucitaciones sobrenaturales de góticas suecas? ¡Qué más da una más! En cualquier caso no tiene este libro ninguna intención de hacernos creer en la veracidad de nada (salvo las cargas de profundidad ideológicas), simplemente es una aventurilla para reírnos un rato, y, con toda seguridad, hasta recomendar su lectura.
A pesar de la crítica, aconsejo a todos dejarse caer por ese hospital neoyorquino. Lo mismo les gusta más que a mi. O eso creo.
Lo bueno:
Es muy divertida, si consigues tomarte a broma los sarcasmos del protagonista. No demasiado larga. El ritmo es constante, no da mucho que pensar, por lo que se lee muy cómodamente. Es muy recomendable.
Lo malo:
Lo de siempre, literatura y política entremezcladas. Un libro de entretenimiento, no es literatura de peso. Aún no está en bolsillo.
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