
Editorial: Círculo de Lectores
Num de Páginas: 518
Género: Thriller de conspiraciones
Impresión: Buena
Sinopsis:
Marie Parks, agente del FBI con ciertas dotes paranormales, se ve implicada en una serie de asesinatos rituales. En su camino se cruza con el Padre Cazorla, experto en exorcizaciones, el cual le desvela que su asesino, un tal Caleb, no hace sino buscar un supuesto evangelio revelador de la verdadera naturaleza de Cristo.
Comentario:
Siempre me he preguntado por qué nunca destruyen el pergamino, o la clave, o el instrumento, cuyo poder puede acabar con el mundo. Un sabio deja escritas en un diario (a quien se le ocurre) sus vergüenzas, y en lugar de arrojarlo a la chimenea (seguro que en siglos pasados resultaba sencillo encontrar un buen fuego), lo esconde en el cajón más visible del más accesible mueble, para que cualquiera que llegue lo abra y descubra las miserias del personaje en cuestión.
Pues esta novela es idéntica. La iglesia tiene en su poder un evangelio que podría terminar con las creencias de los millones de cristianos que aún, benditos ellos, siguen el credo de Roma. Y, he ahí la sorpresa, a nadie se le ocurre convertirlo en cenizas, ¡que va!, lo guardan para estudiarlo y "comprender mejor a su enemigo". Vamos, que para poder conocer las drogas lo suyo es probarlas, nada de destruirlas.
Esta absoluta verdad conduce inexorable a una terrible reflexión. ¿Cómo puede ser que con un pretexto tan infantil, estos libros se vendan como churros? ¿Cuál es la edad intelectual del lector medio?¿Tan tristes son nuestras vidas que nos "tragamos" estas cosas con tal de evadirnos de nuestra paupérrima existencia?
La respuesta es sencilla, estas novelillas son la mar de entretenidas. Su utilidad está en pasar mejor la media hora del tren de cada mañana, los tres cuartos de hora de metro, las tres horas de espera en el hall del ambulatorio... Vamos, lo de siempre, esos momentos en que a nadie le apetece usar demasiado la cabeza, en que cualquier cosa, hasta una mosca que pase cerca, sirve para reclamar nuestra atención y abstraernos de una situación que, bien pensada, acabaría destrozando nuestros nervios e inundando de indignación la infinita paciencia con que comenzamos cada nuevo día.
El problema surge cuando, sin darnos cuenta, sacamos de contexto (de la sala de espera o del vagón del tren), valga la expresión, la novela en cuestión, y le concedemos un valor literario de cuya ausencia, a todas luces, adolece. Convertir en literatura las "regurgitaciones mentales" de autores como Brown, Larsson, o similares, sólo sirve para terminar buscando nuestra altura cultural en las profundidades de la fosa más oscura, inhóspita e insondable. Todos deberíamos hacer un acto de conciencia y retomar otro tipo de lecturas más cuidadas, igualmente entretenidas, pero de mayor calado intelectual.
Desgraciadamente cada vez quedan menos críticos capaces de mostrarnos una alternativa adecuada al único sendero de las letras modernas. Por otro lado, la industria se ha empeñado, casi con ensañamiento, en ofertarnos más y más de esta desafortunada basurilla, y en retirarnos de las estanterias las obras que acabarían exterminando esta aciaga moda. Los últimos nombramientos de la Real Academia de la Lengua, los escritores en castellano más leídos, las editoriales más famosas y que más venden, merecen un repaso concienzudo para que seamos capaces de descubrir en ellos el alevoso engaño al que nos han sometido, la torticera dictadura donde mandan los peores escritores (no hay más que leer algunos blogs para darse cuenta cuanto buen narrador no ha publicado nunca un libro), el absoluto vacío de ideas que anega nuestras letras.
Pero si malo es verse inmerso en una situación de tales características, peor es aún la incapacidad del lector medio para deshacer el nudo gordiano. Algunos verán este comentario (u otros similares) como estúpidos artículos de las mentes más pedantes y esnob, mientras permanecen a ciegas en la oscuridad de la caverna. Otros, conscientes de la verdad, se encontrarán perdidos en el océano infinito de la oferta, sin saber hacia donde dirigir sus lecturas. Los menos se darán cuenta de que, para leer calidad, hay que trabajar la búsqueda, desoir los consejos del compañero de oficina (salvo que su gusto nos complazca), y embadurnarse de polvo las manos y los ojos hasta que se encuentra la joya deseada. El resto... para el resto siempre nos quedarán los clásicos.
Ojo, no me malinterprete nadie. Estas novelas deben existir, pues de vez en cuando hay que limpiar de realidad nuestras vidas, pero hay que saber acotarlas y no sacarlas del ámbito en donde deben moverse. Lo preocupante es lo que se nos vende como buena literatura y resulta ser otro bodrio, pero con disfraz. ¿Cómo puede ser que distingamos el cine de palomitas de un plumazo y, en cambio, a esta literatura de entretenimiento le sigamos llamando "cultura"?
Volviendo a la novela, quería decir best seller, lo que ya se ha convertido en un género en si mismo, sólo puedo añadir que resulta muy entretenida. Aun siendo ciertamente larga, no se hace pesada en ningún momento, se sigue con interés, e incluso contiene algunos episodios muy bien construidos y cargados de tensión, incluso con ciertos toques de terror. De algún modo es una especie de clon del "Ángeles y Demonios" de mi escritor favorito (sea tomado como sarcasmo), que, aunque difieran en lo esencial, se recuerdan mutuamente.
Pido disculpas por la verborrea. Saludos.
Lo mejor:
Muy, pero que muy entretenida. No para. Ciertas escenas que, no por largas, son menos poderosas, con mucha, pero que mucha tensión.
Lo peor:
Igual que un caramelo o una chuchería no son alta cocina, pero nos gustan mucho, esta novela se consume y a otra cosa. El parecido con "Angeles y demonios", que en algunas cosas roza el plagio. La tentación de coger otra novela similar y continuar "guarreando" con nuestro tiempo.
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